HISTORIA

Orígenes

La Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno se funda en el año 1.609 en el Convento de San Juan Bautista, de la Orden de Predicadores de Santo Domingo de Guzmán, en memoria de la Pasión y Muerte de Nuestro Redentor Jesucristo, siendo la causa, principalmente, realizar la Procesión de Penitencia y Silencio que el día de Viernes Santo por la mañana, desde aquel tiempo, se ha hecho siempre. El principal promotor de la fundación de la Cofradía fue don Francisco Núñez Pujazones, Alférez Mayor de la Ciudad.

Las imágenes e insignias que tuvo la Cofradía en sus orígenes fueron las de Nuestro Señor Jesucristo vestido de Nazareno, San Juan y la mujer Verónica, hechas todas a expensas de los fondos de la hermandad. Aunque no era se su propiedad, también se encargaba nuestra Cofradía de procesionar con la imagen de la Virgen de la Soledad, custodiada en la ermita de la Fuensanta, extramuros de la Ciudad.

Todos los años, el Domingo de Ramos, sin ser necesario citar a los hermanos por ser el día señalado y estipulado para ello, tal y como aparece en sus primitivas Constituciones, se realizaba una Junta General en la sacristía de la Iglesia Parroquial para “conferir y tratar las cosas que más convengan al servicio de Dios nuestro Señor, bien y aumento de dicha cofradía y, principalmente, en la disposición que se ha de dar para el gobierno de la Procesión del Viernes Santo por la mañana, nombrando las personas de mayor autoridad y virtud que la rijan, llevando dichos cofrades sus túnicas y capuces, cubierto el rostro”.

Abría la Procesión el Alférez, que llevaba el estandarte morado de la Cofradía, detrás del cual marchaban los cofrades con cruces en los hombros y otras penitencias. A continuación desfilaban las imágenes, siendo la última en hacerlo la de Nuestro Padre Jesús Nazareno, seguido del Arcipreste y demás clérigos, que durante toda la Procesión rezaban el Miserere “en voz baja y dolorosa, según se ha acostumbrado”. Después marchaban las mujeres, y seguidamente, “dos niños, también con sus túnicas, cantando a trechos diferentes coplas de la Pasión de nuestro Salvador, que es sólo a lo que se ha de atender y considerar”. Cerraba el cortejo Nuestra Señora de la Soledad.

Para su mantenimiento, la Cofradía contaba con diversas fuentes de ingresos. Además de las cuotas de sus hermanos y las limosnas obtenidas por el uso de las túnicas y por pedir por las calles en las fiestas, y por las aldeas del término durante el mes de agosto, tenía cinco fincas de las que recibía trigo y cebada que luego vendía. Disponía, además desde el año 1.753, de una bolera en la calle del Juego de Bolos (de ahí su nombre).

En el año 1.700, el Obispo de la Diócesis de Cartagena, D. Francisco Fernández de Angulo, mandó trasladar la Cofradía a la Iglesia Parroquial de Santa María, al tiempo que se renovaban los Estatutos por los que la Cofradía debía regirse.

Los Estatutos volverían a renovarse en el año 1.739 y estarían vigentes hasta la disolución de la Cofradía en el año 1.771. Es en este año cuando el Conde de Aranda, Ministro del Rey Carlos III, manda hacer un informe sobre las Cofradías y Hermandades existentes en la ciudad de Chinchilla y todo el Reino de Murcia, resultando un total de 18 hermandades en la Parroquia, 17 en las aldeas, 5 en el convento de Dominicos y 2 en el de religiosas Dominicas. Ante tal número de cofradías y hermandades, mandó el Conde con fecha 30 de septiembre de 1.771 la disolución de todas ellas, salvo las de San Sebastián y San Ildefonso” por  no tener renta fija y ser intolerable el perjuicio y pensión del vecindario en sostenerlas con el gasto anual de 13.000 y más reales”

 

La aparición de la Cofradía del Santísimo Cristo de la Misericordia

A comienzos del año 1.806, varios vecinos de la ciudad encabezados por Alonso Hortelano, Pascual Sánchez y Francisco Ruiz, se reunieron con el párroco de la Iglesia de Santa María, D. Paulino Molino, a fin de reimpulsar la celebración de la Semana Santa en Chinchilla con la recuperación de las antiguas Cofradías. Para servir de revulsivo para sus convecinos, decidieron crear una nueva Hermandad bajo la advocación del Santísimo Cristo de la Misericordia y con el nombre de la Santa Penitencia y la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo, que realizara Procesión de Penitencia en la Semana Santa del año siguiente. Sus Constituciones fueron presentadas para su aprobación el día 6 de mayo de 1.806, recibiendo la respuesta afirmativa por el Fiscal General Eclesiástico del Obispado de Cartagena, Sede Vacante, tan solo 20 días después.

En las procesiones vestían una túnica morada, un cordón de lana trenzada ceñido a la cintura, una banda de color marrón con la estampa de un santo de la devoción del cofrade (normalmente, el de su propio nombre), una pequeña cruz de plata al cuello, otra cruz de metal blanco que prendía de la túnica a la altura del hombro y un rosario de porcelana engarzado en plata prendido del cíngulo. Debido seguramente a la cantidad de cruces que estos cofrades llevaban en el hábito, recibieron el apelativo popular de “Las Cruces”, al igual que los de Nuestro Padre Jesús fueron llamados “Los Moraos”.

Una de las atribuciones que asumió la nueva Hermandad fue la de continuar con la interpretación del Canto de la Pasión en la procesión del Viernes Santo por la mañana, que desde siempre había sido la propia de la Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno. Pese a ello, como se desprende de los antiguos libros de cuentas, la Cofradía de Nuestro Padre Jesús, tras su refundación, invitaba cada año a caramelos a los Pasionistas, guardando una filial relación con la nueva Hermandad del Cristo de la Misericordia. Así lo demuestra el hecho de que en un período de crisis, entre la primera y la segunda mitad del siglo XX, en que las Cruces deja de desfilar, es la cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno la que lleva sus imágenes en la Procesión y subasta sus cetros.

 

Entrada en el siglo XX

En el año 1.887, el nuevo párroco D. Melquíades Sánchez, deseoso de fortalecer el “orden espiritual” de sus feligreses, decide a dar un impulso a las Cofradías de Semana Santa que habían perdurado hasta esa fecha, a saber: la de Nuestro Padre Jesús Nazareno, la del Santísimo Cristo de la Sangre, la del Santísimo Cristo de la Misericordia y la de Los Apóstoles. Y gracias a la labor conjunta realizada por las Cofradías y por su párroco D. Melquíades, la fórmula dio resultados inimaginables al año siguiente, 1.888, donde se señala en la documentación de la época que fue tal el efecto producido con la cooperación de las cuatro Cofradías que, salvo raras excepciones, toda la feligresía había cumplido con el Precepto Pascual, en tal medida, que fue necesario que vinieran otros tres sacerdotes de fuera de la población.

En este período, la Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno procesionaba con las imágenes de Nuestro Padre Jesús Nazareno, San Juan, La Verónica y Nuestra Señora de la Soledad, que le eran propias desde sus orígenes, más otros tres pasos: el paso de la Oración en el Huerto (atribuido a Francisco Salzillo), el paso del Prendimiento o Ecce-Homo y el Resucitado. Asimismo, la Cofradía de Las Cruces procesionaba con su titular, el Santísimo Cristo de la Misericordia, con la Santísima Virgen del Rosario y con Santa María Magdalena, adquirida en el año 1.887.

Desgraciadamente, ninguno de estos pasos se conserva en la actualidad, pues con motivo de la Guerra Civil española, todas las imágenes fueron destruidas en el asalto e incendio de la Iglesia Parroquial en el mes de julio de 1.936.

 

La Refundación de 1.954

En el año 1.954 desfila por primera vez desde el inicio de la Guerra Civil una cofradía de Semana Santa en Chinchilla: la del Santísimo Cristo de la Agonía, fundada el año anterior para, al igual que había hecho la de las Cruces en 1.806, incentivar a los cofrades a restaurar las antiguas Cofradías. El 17 de noviembre del año anterior había llegado un nuevo vecino a la ciudad, natural de Villacarrillo, llamado José Ceres Rodríguez. Este joven médico, procedente de tierras andaluzas, sentía un gran apego por la Semana Santa y, en particular, por la Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno, ya que su madre siempre sintió una especial predilección por esta hermandad en Granada, donde había nacido.

Por tanto, y animado al ver desfilar a la recientemente fundada Cofradía del Cristo de la Agonía, comenzó a barajar la posibilidad de reorganizar la antigua hermandad del Nazareno.

Recién finalizada la Semana Santa de aquel año 1954, José Ceres citó en la Plaza Mayor a algunos amigos que habían sido cofrades de Jesús Nazareno y de Las Cruces antes de la guerra, a saber: José García, Emilio Toledo, Eduardo Cebrián, Pedro Ballesteros y Ramón López. José Ceres les expuso la idea de reorganizar la antigua Cofradía de Jesús Nazareno, secundando la propuesta todos los presentes de inmediato y eligiéndolo, por aclamación, como presidente. Algunos de los presentes propusieron organizar no sólo la Cofradía del Nazareno, sino también la de las Cruces, aunque finalmente decidieron agrupar las dos antiguas hermandades en una sola con el fin de que existiera una cofradía fuerte con muchos cofrades que dos pequeñas hermandades con muy pocos.

Se iniciaron los trámites con el Obispado de Albacete y se redactaron los nuevos estatutos, que fueron aprobados por el Obispo Mons. Arturo Tabera y Araoz, quedando constituida de nuevo la Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno, a cuyo título se había añadido “y Santísima Virgen del Rosario” en referencia a la Hermandad de las Cruces, de la que la Santísima Virgen, con esta advocación, era cotitular.

El primer paso a realizar fue la adquisición de la imagen titular. Emilio Toledo, uno de los fundadores, se ofreció para sufragar los gastos, donando a la Cofradía el importe íntegro de la imagen y gestionando su adquisición. La imagen del Nazareno, junto a la del Resucitado, que había sido donada a la Iglesia Parroquial quince años antes, procesionó por primera vez junto a los nuevos cofrades en la Semana Santa de 1.955.

Eduardo Cebrián encabezó el proyecto de recuperar el antiguo Canto de la Pasión para la procesión del Viernes Santo por la mañana, para lo que comenzó a enseñárselo a un grupo de niños, hijos de aquellos primeros cofrades. Eduardo consiguió rescatar la Pasión para el momento del Encuentro en la Plaza Mayor, que se completaría finalmente en el año 1.959 con la adquisición de la imagen de la Verónica. Con anterioridad, habían sido recuperadas las imágenes de la Virgen del Rosario y del Ecce-Homo. Igualmente, se compró una nueva imagen de Nuestro Padre Jesús Nazareno de talla, entregándose la que había donado Emilio Toledo, que era de pasta, a cuenta de la nueva.

En 1.956 se creó para la procesión del Domingo de Resurrección la Sección Infantil del Resucitado, compuesta por unos 40 niños vestidos de blanco, al modo hebreo, que desfilaron junto a la imagen de Cristo en la Procesión de Pascua.

 

La Cofradía en nuestros días

En los últimos tiempos, la Cofradía ha seguido contribuyendo activamente al engrandecimiento de la Semana Santa de Chinchilla, una de las más antiguas y tradicionales de la región, para mayor gloria de Dios y de su Santísima Madre, la Virgen del Rosario.

En el año 1.994 se decidió agregar al nombre de la Cofradía el título de “Las Cruces”, en recuerdo de la antigua hermandad absorbida en la refundación cuarenta años antes. Durante ese año se creó la Sección de las Cruces y la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo, compuesta por los cofrades encargados de cantar la Pasión en la Procesión del Viernes Santo, que dos años antes, por iniciativa de Fina Ortega, se había recuperado en su versión íntegra. Asimismo, fueron reproducidas para esta sección las ropas de la antigua hermandad de las Cruces.

Siguiendo con la recuperación de antiguas tradiciones, en el año 1.995 se restauró la Sección Infantil del Resucitado, compuesta en esta ocasión por doce niños, en representación de los Apóstoles, para acompañar al Resucitado en la Procesión del día de Pascua.

Llegados al año 1.998 la Cofradía da un paso decisivo al recuperar la imagen del Santísimo Cristo de la Misericordia, titular de la antigua Hermandad de las Cruces. La imagen fue bendecida en la Iglesia Parroquial por el Obispo de Albacete, Mons. Francisco Cases Andréu, y supuso un importante revulsivo para la Cofradía y para la Semana Santa de Chinchilla. Sería también Mons. Cases quien aprobaría en el año 2.002 los nuevos Estatutos por los que la Cofradía del Nazareno se rige en la actualidad.

Desde entonces, hasta el día de hoy, cientos de personas han seguido trabajando de forma callada y constante por y para la Cofradía. Como un gran premio al buen hacer de sus cofrades durante tanto tiempo, la Cofradía ha tenido el alto honor de recibir en 2.009, en el IV Centenario de su fundación, el título de Real, otorgado por S.M. el Rey. D. Juan Carlos I, Hermano Mayor Honorario de la Cofradía desde el año 2003. No cabe duda que la concesión de este título, el más alto otorgado por la Casa Real Española, ha sido uno de los hitos más importantes de los que han jalonado la existencia de la Cofradía. Una Cofradía que, a día de hoy, persigue, con la ayuda de Dios y el compromiso firme de todos sus cofrades, transmitir a las nuevas generaciones los valores cristianos que impulsaron a los que la fundaron hace ya cuatro siglos.

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